PALACIO
Por Mario Díaz
¿Acordeones en la reforma electoral?
• Elección de legisladores plurinominales podría atraer esa práctica
• Reducción del financiamiento público sería solo buena propaganda
• El actual sistema electoral en México es reconocido por Naciones Unidas
Le reforma electoral que impulsa la presidenta CLAUDIA SHEINBAUM PARDO bajo el argumento de respetar la supuesta o real postura del pueblo de México, como era de esperarse, ha polarizado la opinión pública a lo largo y ancho del territorio nacional.
Al margen de que si se trata de una iniciativa que ’nació muerta’ o bien si la aplanadora legislativa de Morena y sus aliados logran la mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso de la Unión, lo cierto es que innumerables voces discordantes consideran que el pretendido cambio al sistema electoral está orientado a fortalecer al partido en el poder y asegurar el absolutismo legislativo en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República.
El argumento principal es que la iniciativa presidencial representa un retroceso al sistema electoral mexicano reconocido, incluso, por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como un sistema ampliamente fortalecido por reformas progresivas que se enfocaron en resolver problemas por medio del consenso político.
Si bien es cierto que la mandataria nacional ha anunciado públicamente que con su iniciativa de reforma electoral da cumplimiento al mandato popular, también es una realidad que su argumento no es del todo convincente y que lo que pretende es asegurar la continuidad de la Cuarta Transformación y debilitar los contrapesos políticos.
Su propuesta de mantener las 200 diputaciones plurinominales bajo el método de 97 ’mejores perdedores’, 95 de ’lista abierta’ y 8 ’migrantes’ es calificada como una manera de ’llevar agua al molino de Morena’. El complejo modelo de votación contempla cuatro sufragios para renovar el Congreso de la Unión: uno para la mayoría relativa de la Cámara de Diputados, otro para el Senado de la República, y dos más para las ’listas abiertas’.
Por cierto, contrario al argumento de la presidenta SHEINBAUM PARDO que su iniciativa contempla reducir el costo de los procesos electorales en realidad lo incrementa con el aumento del número de boletas y, por supuesto, un mayor gasto por las campañas de los ’mejores perdedores’ los candidatos de las ’listas abiertas’.
Los candidatos que queden en segundo lugar durante el proceso electoral alcanzarían la representación proporcional dentro de los ’mejores perdedores’, mientras que los de "lista abierta’ resultarían de la competencia interna de las propuestas que presente su partido político y que estarían anotados en la boleta electoral.
Desde cierta óptica, tal parecería que, maquiavélicamente, el partido en el poder pretende crear caos y controversia entre los candidatos que presenten los partidos opositores, toda vez que el ciudadano elector no tan solo votará por el instituto político sino también por el candidato de su preferencia.
Ha trascendido que la sobrerrepresentación parlamentaria de Morena y sus aliados en el Congreso de la Unión y la pérdida de credibilidad del gobierno federal durante el proceso de elección del Poder Judicial mantienen divididos a los opositores a la 4T y los adoradores del régimen.
El uso de ’acordeones’ durante ese proceso de elección y el triunfo de la gran mayoría de los candidatos a jueces, magistrados y ministros anotados en la ’guía electoral’, reconózcase o no, dañaron la confianza ciudadana como consecuencia de esa votación atípica.
Respecto a la propuesta de la iniciativa presidencial que pretende reducir el financiamiento público a los partidos políticos, lógicamente, genera buenos dividendos mediáticos, aunque, en términos reales ese dinero público representa tan solo el 0.06 % del Presupuesto de Egresos de la Federación, lo cual, obviamente, resta credibilidad y transparencia a la iniciativa de reforma electoral.
Sea como fuere, lo cierto es que la reforma electoral que propone la presidenta CLAUDIA SHEINBAUM PARDO contempla básicamente reducir el costo de los procesos eleccionarios, analizar los esquemas de representación camaral en lo que se refiere a los legisladores de representación proporcional y fortalecer los mecanismos de participación ciudadana.
En lo que se refiere a los pretendidos cambios a la estructura del Instituto Nacional Electoral (INE), la postura desde Palacio Nacional es que no se busca debilitar al árbitro electoral ni tampoco concentrar el poder. Supuesta o realmente lo que se pretende es ajustar el sistema electoral de nuestro país para mejorar su eficiencia y cercanía con los ciudadanos.
¿Cómo la ve?
I.-Será el sereno, como dice el dicho campirano, pero la reforma electoral que propone la mandataria nacional está enfocada a construir más pisos del gobierno de la Cuarta Transformación.
Y hasta la próxima.