Crimental
El Disidente
Por: Antares Cervantes
Últimamente, demasiados actores políticos se han vuelto fanáticos de una nueva religión llamada redes sociales. Hoy en día, un señalamiento en estas plataformas parece pesar más que la verdad misma. Pero gracias al poder que muchos mandatarios de todos los niveles han concentrado, la libertad de expresión está en peligro de extinción, al igual que quienes se atreven a pensar distinto o tienen ideas contrarias a la ideología oficial.
México es, lamentablemente, uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Peor que una zona de guerra: más de 170 periodistas han sido asesinados en los últimos 20 años, 37 de ellos durante el sexenio pasado. La mayoría de estos crímenes permanecen impunes. Esta realidad ha provocado autocensura, miedo e incertidumbre, sobre todo cuando se investigan temas como narcotráfico, corrupción o crimen organizado.
Algunos gobiernos municipales, estatales y federales han usado su poder para intimidar, acosar o censurar a periodistas, amparándose en figuras como ’difamación’ o ’daño moral’. Aunque la Constitución garantiza la libertad de expresión (artículo 6°), existen leyes y prácticas que la limitan, por ejemplo, la Ley de Seguridad Nacional ha sido utilizada para justificar la censura de contenidos. Los medios públicos y plataformas digitales enfrentan presiones políticas y presupuestarias si critican al gobierno. Algunas reformas incluso han intentado controlar el contenido en redes sociales o limitar el acceso a la información. Un símbolo reciente de este retroceso es que el ITAIH, órgano garante de la transparencia en Hidalgo, ahora depende de la Contraloría, reduciendo su credibilidad, autonomía y efectividad.
Frente a este panorama, muchos medios y ciudadanos prefieren callar, evitan opinar, señalar, exigir o investigar, por miedo a represalias y ponerse en riesgo. Así se va sofocando la libertad de expresión, con estructuras de control disfrazadas de legalidad.
George Orwell advirtió en sus libros ’1984’ y ’Rebelión en la granja’ que el poder político, cuando no tiene contrapesos, manipula el lenguaje, controla la verdad y reprime el pensamiento libre. Actualmente, nos estamos acercando peligrosamente a esa sociedad totalitaria dominada por el Gran Hermano, donde el gobierno lo vigila todo, lo decide todo, lo impone todo, incluso los pensamientos. En México, el control de los tres poderes del Estado por parte de un solo grupo ya permite hablar sin rodeos de autoritarismo.
Prueba de ello, es que existen muchos alcaldes de nuestra entidad que ordenan borrar comentarios ciudadanos en sus redes sociales, solo porque ejercen su derecho a la crítica o por exigir servicios. Algunos mandan amenazar o golpear a periodistas; otros manejan a los regidores como títeres para su beneficio personal o económico, ignorando a la ciudadanía.
En palabras de Orwell: ’En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario’. ’Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros’.
Los que defendemos con valor el derecho a decir la verdad, a disentir, a denunciar, somos la nueva resistencia, porque sin libertad de expresión, no hay democracia ni buena gobernanza.