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La Navidad de Charles Dickens fragmentos impactantes.


«Le gustaba la oscuridad por lo barata que salía»

Literatura

Diciembre 03, 2021 05:30 hrs.
Literatura Internacional › México
Magda Bello, Premio Internacional de Poesía, Rubén Darío, 2018 › Líderes Políticos

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Más allá de un comic de Disney, de un viejo gruñón llamado cáusticamente Ebenezer Scrooge un anciano que odia la navidad en todo su esplendor y la visita de espíritus  en Nochebuena. El autor Charles Dickens delata en su cuento de 68 páginas, el fantasma de la pobreza, su tardía educación hasta los 9 años, su formación autodidacta leyendo novelas de época y de aventuras como Robinson Crusoe y Don Quijote de la Mancha. El infortunio no sería menos, cuando la familia Dickens amparados bajo la ley de  estancia familiar carcelaria, acompañan  a su padre, preso por deudas, obligando al  joven Dickens de  doce años , al que sería el autor de la Navidad más realista de la historia, laborar en jornadas diarias de diez horas en la Warren’s boot-blacking factory, fábrica de betún para calzado, ganando seis chelines semanales, hospedado en los suburbios más pobres de la ciudad. A los 15 años mejora su situación laboral como pasante de un bufete de procuradores, a sus 16, como reportero y cronista parlamentario, de familia anglicana con vasto conocimiento intelectual y religioso a sus 24 años logra alcanzar el mérito de editor en Bentleys  Miscellany, y otros periódicos de la época. El gran Charles Dickens elogiado por Tolstoi y  Orwell, a sus 44 años era considerado entre telones como el próximo genio de la literatura del siglo XIX.

Comparto con ustedes los fragmentos más impactantes  de su obra maestra con título angelical ’A Christmas Carol’, traducida al español como ’Canción de Navidad’, y posteriormente publicada como ’Cuento de Navidad’. Una denuncia explícita en la Inglaterra victoriana, desigualdades sociales y defensa a los pobres. 


1–(...) Le gustaba la oscuridad por lo barata que salía(...)

2 –«… Siguió siendo un excelente hombre de negocios el mismísimo día del funeral, que fue solemnizado por él, a precio de ganga» .

3–«Jamás le paraba nadie en la calle para decirle con alegre semblante: «Mi querido Scrooge, ¿cómo está usted? ¿Cuándo vendrá a visitarme?» Ningún mendigo le pedía limosna; ningún niño le preguntaba la hora; ningún hombre o mujer le había preguntado por una dirección ni una sola vez en su vida. —Pero a Scrooge, ¿qué le importaba? Eso era precisamente lo que le gustaba. Para él era una «gozada» abrirse camino entre los atestados senderos de la vida advirtiendo a todo sentimiento de simpatía humana que guardase las distancias» 

4— «Sí que lo digo. ¡Feliz Navidad! ¿Qué derecho tienes a ser feliz? ¿Qué motivos tienes para estar feliz? Eres pobre de sobra.
—«Vamos, vamos»-respondió el sobrino cordialmente-.«¿Qué derecho tienes a estar triste? ¿Qué motivos tienes para sentirte desgraciado? Eres rico de sobra.

5—« ¿Qué son las Pascuas sino el momento de pagar cuentas atrasadas sin tener dinero; el momento de darte cuenta de que eres un año más viejo...?» 

6— «Mi escribiente, con quince chelines semanales, esposa y familia, hablando de Felices Pascuas. Es para meterse en un manicomio».

7—« -En estas festividades, Mr. Scrooge», dijo el caballero tomando una pluma, «es más deseable que nunca que hagamos alguna ligera provisión para los pobres y menesterosos, que sufren muchísimo en estos momentos. Muchos miles carecen de lo más indispensable y cientos de miles necesitan una ayuda, señor»—¿Ya no hay cárceles?», preguntó Scrooge.

8—« Scrooge cayó de rodillas y, con manos entrelazadas, imploró ante él: «¡Piedad!», exclamó. «Horrenda aparición, ¿por qué me atormentas?»
«¡Materialista!», replicó el fantasma.

9—«En esta tierra tuya hay algunos», replicó el espíritu; «que pretenden conocernos y que cometen sus actos de pasión, orgullo, mala voluntad, odio, envidia, beatería y egoísmo en nuestro nombre; pero son tan ajenos anosotros y nuestro género como si nunca hubieran vivido. Recuerda esto y échales la culpa a ellos, no a nosotros».

10—«Pues le diré una cosa, amigo mío», dijo Scrooge, «no voy a continuar consintiendo cosas como ésta. Y por consiguiente», prosiguió, saltando de su asiento y aplicando a Bob tal empujón en el chaleco que le hizo retroceder tambaleándose hasta la Cisterna otra vez, «y por consiguiente ¡estoy a punto de subirle el sueldo! »

 


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