Mauricio M Rizo Centeno, el paisajista clásico del siglo XX más representativo de Centroamérica


Mauricio Rizo Centeno, nace en San pedro de Bulculmay, Jinotega Nicaragua, un 13 de febrero de 1963

Mauricio M Rizo Centeno, el paisajista clásico del siglo XX más representativo de Centroamérica

Cultura

Agosto 03, 2020 11:32 hrs.
Cultura Internacional › México
Redacción Líderes Políticos › Líderes Políticos

713 vistas

Mauricio Martin Rizo Centeno, semblanza artística
Mauricio Rizo Centeno, nace en San pedro de Bulculmay, Jinotega Nicaragua, un 13 de febrero de 1963, desde los 4 años se interesa por el dibujo, empezando sus primeras pinturas a los 12 años, y su genio nato hace que no necesite clases de arte para sobresalir desde sus comienzos, su aguda observación del paisaje nicaragüense fue su referente en sus pinturas, pero también retratos y temas de poesía, pintando los poemas del mas insigne de los poetas nicaragüenses y universal, Rubén Darío.

Con una personalidad alegre y juguetona, sabe su posición en el mundo del arte nicaragüense, sin embargo, ello no afecta su sencillez y perseverancia.

Las pinturas de Mauricio Rizo, denotan el dominio de la atmósfera, la luz tamizada y nocturna, el tono arrebatado que da una paleta muy matizada o la luz que se extasía cayendo sobre los objetos en un instante dado y los contraluces. Pero todo esto nunca fue aprendido, en un taller de escuela, sino en el arduo interés particular por la búsqueda de la propia superación personal. Esto que en lengua común se llama ser autodidacto.

En realidad, tampoco su temática puede señalarse con el duro término de anacrónico. Qué o cuáles paisajes rurales o urbanos de los asuntos pictóricos de Mauricio Rizo, los magistrales paisajes con plantaciones, los platanales o los cafetales, están fuera del presente en que vivimos. Acaso no son estos paisajes, bajo la creatividad del autor, la particular reproducción de las tierras campesinas y pueblos marginales de nuestro país marginal, expuestos sin tapujos, de nuestra realidad contemporánea.

Mauricio Rizo, talentoso, pulcro, disciplinado artífice de nuestros arcadismos reticentes, recesivos, es un artista con una aguda intuición de contrastes y degradaciones tonales, un trabajador de factura neta, limpia, de bordes precisos y contornos definidos, que se vuelve insinuante apenas en las zonas liminares entre sombra y penumbra.

Es además un concienzudo artista de la composición, celoso del equilibrio y la armonía de todos los elementos complementarios que se dan cita sobre la superficie de su tela. Posee una desarrollada intuición estructural, globalizante, de cada una de sus obras. Es consciente de las diversas disciplinas que implica su oficio. El dibujo, el sombreado, las sutilezas y requintes de la coloración.

Está advertido además de los valores rítmicos del espatulazo o de la pincelada, empasta con una energía sobria, moderada por una noción de austeridad y nitidez.

La pintura de paisajes de Mauricio Rizo contienen la belleza de esa Nicaragua rural y urbana vista por los ojos del amor. Un amor a la tierra, a la labor del ser humano y al arte de pintar. Con pasión, sentido de pertenencia a un terruño y a una cultura, con conciencia de la libertad del artista, Rizo ha dotado de belleza a nuestra identidad.

El paisaje nicaragüense consolida su ser estético intemporal en la obra de Rizo. Este maestro jinotegano desde su niñez fue atrapado por el arte y él le correspondió con una entrega mística total. Su obra es un problema de la luz, el color y la mística por la conquista de la perfección.

En un mundo postmoderno globalizado y unipolar donde el arte ha tenido que dejar testimonio de la crisis de sobrevivencia, existencial y de valores a través del feísmo, ha plasmado el dolor, la angustia, la degradación del ser humano y su medio natural, las perversiones sexuales, la saturación consumista, la violencia en todas sus formas, la negación de la comunicación y por ende del amor, el poder y sus tentáculos succionadores, encontrar obras como la de Rizo sin ser fuga, evasión ni torre de marfil, alimentan la esperanza y la fe en la utopía sabiendo que aún el mundo es bello y merecen, seres, naturaleza y cultura ser amados.

Mauricio Rizo no es un profeta conservador, ni un plañidero por un mundo en vías de extinción. Los mensajes los inferimos, acertados o no, los espectadores y críticos a partir de sus telas. Él lo único que ha hecho es construir una sólida y maravillosa obra desde su niñez.
Recordemos siempre que Rizo es un niño que quiso pintar al mundo y lo ha logrado. Al menos su mundo, esa aldea que se universaliza cuando está bien versada, bien contada, bien pintada.

La obra de Mauricio Rizo es clásica para todos los tiempos, destinada a ampliar la participación de su disfrute, a conocerse y a estudiarse, una obra que nos desafía, nos completa y nos exalta. Nadie se quedará ciego bajo la luz de Rizo, pero muchos aprenderemos a percibir la belleza del crepúsculo en un rincón de Nicaragua.


Ver nota completa...

Escríbe al autor

Escribe un comentario directo al autor

Suscríbete

Recibe en tu correo la información más relevante una vez al mes y las noticias más impactantes al momento.

Recibe solo las noticias más impactantes en el momento preciso.